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Joan Muñoz y Carol Pagès, una conversación que quedará.

Cuando el micrófono encuentra a la persona.

Crónica del encuentro “Conoce a Carol” en la XXI edición de Andalucía Belleza y Moda (FERMASA, Granada)

Hay entrevistas que son trámite. Y hay entrevistas que son acontecimiento. Lo que ocurrió en el escenario de la Feria de Muestras de Armilla-Granada, en el marco de la XXI edición de Andalucía Belleza y Moda, perteneció sin ninguna duda a la segunda categoría. Me senté, en esta ocasión, como creador y conductor del podcast ‘Sin Pelos en la Lengua’, frente a Carol Pagès, CEO de Raffel Pagès, y durante un buen rato el mundo de la peluquería profesional tuve la oportunidad de escuchar algo que pocas veces se escucha en los grandes escenarios del sector: la verdad dicha con humor, con emoción y sin trampa.

El título del encuentro lo decía todo: Conoce a Carol. No “conoce a la CEO”. No “conoce a la directora del grupo Raffel Pagès”. Carol. Solo Carol. Esa elección no era casual, y quien conoce mínimamente mi forma de ver las cosas sabe que tampoco era accidental. Desde que arrancó Sin Pelos en la Lengua, este que firma, hombre de la industria beauty a fin de cuentas, he tenido una sola obsesión: humanizar un sector que demasiadas veces se presenta envuelto en brillo y glamour, pero que rara vez muestra la piel de verdad de quienes lo habitan. En Carol Pagès encontré quizás, mi entrevistada más redonda.

 

Voy a ser honesto desde el principio, como siempre intento ser.

Cuando preparé el encuentro Conoce a Carol en la XXI edición de Andalucía Belleza y Moda, en FERMASA, Granada,, sabía que Carol Pagès iba a ser una buena entrevistada. Lo que no sabía es que iba a ser, probablemente, la mejor que he tenido desde que arrancó Sin Pelos en la Lengua. No por lo que dirige, que también. Sino por cómo es. Por cómo habla. Porque no tiene miedo a ser exactamente ella misma delante de un micrófono y de dos o doscientas personas.

Y eso, en esta industria nuestra de brillo y glamour y posados perfectos, no es tan frecuente como debería.

Por qué llamé al encuentro “Conoce a Carol”.

Podría haberlo llamado de otra manera. “Diálogo con la CEO de Raffel Pagès.” “Encuentro con una referente del sector.” Algo así. Serio. Institucional. Correcto.

No lo hice. Lo llamé Conoce a Carol porque eso es exactamente lo que quería que pasara: que la gente la conociera a ella, no al cargo. Esa es, desde el día uno, la razón de ser de este podcast. No me interesa el titular corporativo. Me interesa la persona detrás del titular. Y en Carol Pagès hay muchísima persona.

El escenario ya tenía peso propio antes de empezar. Estábamos celebrando los primeros Premios de Peluquería Creativa Raffel Pagès, en la feria que el maestro —su padre, el fundador— llamaba con cariño “Mi Pequeña Gran Feria.” Cinco años sin él. “En mayo van a ser cinco años,” dijo Carol en un momento de la tarde, con esa pausa que no es dramática sino verdadera. Cinco años que desde fuera parecen pocos y desde dentro pesan como una vida entera. Dar los premios aquí, en su feria, no fue un movimiento de marketing. Fue querer bien a alguien que ya no está.

Tengo memoria de pez y preguntas “tontunas”. Ese es mi método.

Lo confieso cada vez que entrevisto a alguien: necesito leer mis propias preguntas porque si no las olvido. Tengo memoria de pez. Y las preguntas que hago son, según yo mismo las defino, “un poco tontunas.” Frívolas. Ligeras.

Es mentira, claro. No son tan simples. Son las preguntas que la gente no espera y que, precisamente por eso, abren puertas que ninguna pregunta seria abre. ¿Qué haces cuando te levantas? ¿Cuál es tu metedura de pata favorita? ¿Mar o montaña? ¿Un guilty pleasure?

Carol lo captó al instante. Antes de sentarse ya bromeaba: “Dice que va a preguntarme cosas divertidas. Cosas muy frívolas.” Y luego respondió a todo con una autenticidad que a mí me dejó, en varios momentos, con ganas de aplaudir desde dentro.

Un café, un iPad y doce años. Los cimientos de todo.

Le pregunté qué hace cuando se levanta. Esperaba algo de agenda, de rutina de CEO exitosa, de meditación o de deporte. Me respondió con esto:

“Lo que más me gusta de la vida es levantarme, tomarme café con mi marido. Es mi mejor o nuestra mejor hora.”

Doce años con Víctor. Él con su iPad. Ella con el Instagram. Una horita antes de que el día los separe y se lleve todo por delante. Se levantan pronto precisamente para poder tener ese tiempo. Para protegerlo.

Nadie en la sala lo esperaba. Y precisamente por eso fue el mejor comienzo posible. Porque el liderazgo de verdad, el que aguanta estructuras complejas y años difíciles, no nace en las estrategias. Nace en los cimientos pequeños. Y el de Carol tiene unos cimientos que se ven sólidos desde la primera frase.

Resiliencia. Pero dicha en serio, no en PowerPoint.

Le pedí que me dijera su mayor cualidad personal. Dijo “resiliencia” y me preparé para el discurso estándar. No llegó. Lo que llegó fue esto: “Me adapto a todo el mundo y a todos los lugares y a todas las personas. Tengo amigas de todo tipo, de todos los estatus y de todos los sitios.”

Hay gente que dice resiliencia porque está de moda. Y hay gente que la ha practicado sin saber que tenía ese nombre: gestionando la pérdida de su padre y fundador de la empresa, rehaciendo una red de más de 60 salones, navegando una industria que cambia más rápido que las temporadas. Carol pertenece al segundo grupo. La palabra le pertenece porque se la ha ganado.

Los premios: “¿Por qué no?” en lugar de “¿Por qué sí?”

Cuando me contó cómo nació la decisión de dar los primeros Premios Raffel Pagès aquí, en FERMASA, me di cuenta de que esa es exactamente la forma en que funciona una cabeza bien ordenada. No analizando si era el momento perfecto. Preguntándose por qué no hacerlo.

“Los premios hay que darlos en los lugares donde la gente comparta una historia. Y aquí todo el mundo sabe quién era Raffel Pagès.” Era la feria que él amaba. Era el sitio. No había más que pensar.

Y cuando le pregunté por qué vino ella y no su hermana, respondió con esa naturalidad que me encanta: “El año que viene igual viene ella.” Sin jerarquías. Sin narrativas épicas. Las cosas se hacen porque toca, porque puedes, porque quieres. Punto.

Su primer trabajo no fue donde esperaba.

Quise saber cómo empezó en la empresa familiar. Y aquí vino una de las cosas que más me gustaron de la mañana: Carol Pagès no aprendió en la academia de Raffel Pagès. Aprendió en la academia de Josep Pons. Lo dijo con el afecto de quien nombra a alguien que le importó de verdad.

Después vinieron años fuera de España, el matrimonio en el extranjero, la vida construida lejos. Y luego el regreso, y con él, la responsabilidad de liderar lo que su padre había construido.

Esto importa y mucho. No heredó un sillón. Aprendió, vivió, volvió. El liderazgo que ejerce hoy tiene raíces propias, no solo apellido. Y eso se nota en cada respuesta que da.

Las meteduras de pata son de familia.

Cuando le pregunté por alguna metedura de pata memorable, fue honesta: “Seguramente las habré metido, pero no me he enterado porque la gente es educada.” Y en lugar de inventarse un error de manual, me contó la del abuelo, que daba el pésame a las clientas y dos semanas después les preguntaba por el marido fallecido.

La sala se partió de risa. Y yo también. Porque hay algo que une a las familias que se ríen de sí mismas: son familias que están bien. Y las empresas que tienen ese gen, también.

El elefante en la habitación: “No van a haber tantos salones.”

Aquí fue donde la conversación se puso seria de verdad. Le pedí que dijera lo que el sector necesita escuchar aunque no quiera oírlo. Y Carol no se guardó nada.

“No va a haber tantos salones. Es imposible. Porque no hay gente que quiera trabajar. No somos atractivos.”

La IA no va a sustituir a la peluquería, eso lo tiene claro. Pero el problema real es otro: faltan manos. Y las manos que queden se van a cotizar a precio de platino. El servicio virará hacia lo premium, hacia la excelencia, hacia la atención de lujo. Que es, curiosamente, lo que su padre ya había predicho hace cinco años: “Volvemos a los inicios míos.”

Lo que viene no es la masificación. Es la escasez de talento y la revalorización de ese talento. Quien no lo esté viendo ya, va tarde.

Me contó también cómo han adaptado la formación: ya no es por las noches, ya no es voluntaria, ya no es “después del trabajo.” Ahora cierran salones durante el día para formar a los equipos. Invierten el tiempo de trabajo en preparar el futuro. Porque si no, no hay futuro.

Quiso ser periodista. Y lo es, a su manera.

Esta fue la confesión que más me llegó. Carol Pagès quiso estudiar Ciencias de la Información. Su padre le dijo, con cariño y con razón: “El periodismo no se paga muy bien. ¿Qué vas a hacer, una columna a la semana en La Vanguardia que igual ni te la publican?”

Le hizo caso. Estudió empresariales. Y canalizó esa vocación hacia Instagram.

Cuando me dijo “es mi columna, es mi diario público” me hizo gracia y me emocionó al mismo tiempo. Porque es exactamente eso. Un espacio de comunicación honesta, personal, sin filtro. Tiene incluso un destacado que se llama “canal de denuncia,” donde mete sin rodeos lo que le parece injusto: desde el robo de la maleta de su hija en el AVE —”la policía me dijo que pasa en cada tren Barcelona-Madrid”— hasta cualquier cosa que le indigna y que no quiere mezclar con su Instagram de vida y celebración.

Dos mundos en una misma cuenta. La Carol que brilla y la Carol que denuncia. Me parece de una coherencia total.

Y sí, cuando me lo explicó pensé: si su padre hubiera sabido lo que iba a hacer con Instagram, igual la hubiera dejado estudiar periodismo.

Champán, Roberto Carlos y El planeta de los simios.

Las preguntas frívolas —las mías, las “tontunas”— dieron una Carol de una coherencia encantadora.

Guilty pleasure: el champán. Sin pudor, sin excusas. “Soy súper fan del champán, me encanta.”

Música de domingo en casa: Julio Iglesias y Roberto Carlos. A todo volumen en la ducha. Porque le recuerdan a su madre, a su padre, a los veranos de infancia, al casete que se daba la vuelta y volvía a empezar. “Ojito al casete,” dijo. Y los dos nos reímos porque los dos somos del 71, bueno yo del 70, y los dos sabemos exactamente lo que es un casete.

Película favorita de la infancia: El planeta de los simios. La original. La que vio con cuatro o cinco años. “Soy súper fan, es que me impresionó porque el final es impactante.” Una CEO que creció con Roberto Carlos en el casete y se enamoró de la ciencia ficción clásica. El estereotipo, definitivamente roto.

Mar o montaña: “Un buen chiringuito con champán.”

Sabía que esta pregunta iba a dar juego. No decepciona. “Me gustan ambos.” Vive entre Barcelona y Andorra, esquía, toma el sol, alterna. Pero si tiene que definir el día de playa perfecto: “Un buen chiringuito donde haya un buen vino y un buen champán. Para mí ese es el día ideal de playa.”

Coherente hasta en la playa.

Lo urgente: cintura, y responsabilizarse de la propia vida.

Hacia el final le pedí que completara la frase: Es urgente en la peluquería… Y volvió al principio de la conversación, a la resiliencia, a la adaptación. “Darnos cuenta de que todo cambia de forma muy acelerada. Si no tienes cintura, no consigues salir de esta.”

Pero lo más poderoso de la tarde vino después. Sin señalar a nadie, sin perder la empatía que la define, Carol dijo algo que me parece una verdad universal: cada persona es responsable de su propio camino. De sus éxitos y de sus fracasos. “No tienes que responsabilizar al resto de tus actos. Ni los buenos ni los malos.”

Está dispuesta a adaptarse, a ofrecer tres días de trabajo, a hacer la formación en horario laboral, a lo que haga falta. Pero pide responsabilidad a cambio. Conciencia. Ganas de llegar a algún sitio.

“Tú te tienes que marcar el camino.”

Lo que me llevo de esa mañana en mi querida Granada.

Cuando apagué el micrófono, me quedé un momento en el escenario. De esos momentos en que sabes que acaba de pasar algo que valía la pena.

Esto es lo que busco con Sin Pelos en la Lengua. No el titular. No la foto de la CEO con el logo corporativo detrás. Busco esto: la persona que quiso ser periodista y encontró otra forma de contar el mundo. La hija que siente a su padre cinco años después como si fuera ayer. La mujer que protege una horita de café por las mañanas como si fuera su mayor tesoro. La CEO que te dice a la cara lo que nadie quiere oír y luego te pregunta si quieres otro champán.

Carol Pagès es todo eso. Y esta mañana en Granada me lo demostró.

Si te lo perdiste, lo puedes ver completito -una horita- en mi canal de YouTube. Suscríbete y activa las notificaciones. Te lo digo en serio: esta no te la puedes perder:

https://youtu.be/8FQkZhR_veY?si=iVd8oxP3u2YJx_fl

La peluquería no es solo técnica: es legado, es emoción y es futuro. Y conversaciones como esta lo demuestran.

 

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