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5 COSAS QUE PROBABLEMENTE IGNORES DE LA HISTORIA DE LA BARBERIA…

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El arte de cortar el pelo es tan antiguo como la humanidad, y así lo demuestran los descubrimientos arqueológicos de Egipto, en donde se han encontrado afeitadoras hechas con piedras afiladas datadas hace 3.500 años, pertenecientes a la Edad del Bronce, aunque presumiblemente ya existían anteriormente. 

La prueba más evidente de que hace miles de años ya existían los peluqueros es una estatuilla de 46 centímetros de alta hallada en Tebas, Egipto, que representa la imagen del barbero Meryma’at, encargado de cortar el pelo a los sacerdotes del Templo de Amón. Esta talla esculpida hace unos 3.300 años evidencia la existencia de un personaje encargado de afeitar el pelo del cuerpo, el rostro y la cabeza, y puede considerarse como la primera imagen de un barbero pues se dedicaba íntegramente a su oficio sin las herramientas de peluquería que tenemos hoy en día.

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Film Alexander (2004) de Oliver Stone

Históricamente hay evidencias de que el pelo y la barba se cortaban por cuestiones prácticas, y ya en el Siglo III a.C. el Rey Alejandro Magno ordenó a sus tropas que llevaran el pelo corto y la barba rasurada. La razón era bien sencilla y es que en la lucha cuerpo a cuerpo los persas los agarraban de las barbas para tirarlos de los caballos, así que la nueva orden acabó con las bajas que se producían por esta práctica enemiga.

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Fuente: https://thehistoryofthehairsworld.com/historia_barberos.html

En el Imperio Romano los hombres usaban barbas y cabellos largos. Pero la influencia de los griegos les trajo la moda de los barberos y las barberías. En el año 296 AC Ticinius Mena, un senador romano, vuelve a Roma desde Sicilia e introduce la costumbre de las barberías. Según cuenta Plinio el Viejo, el primer romano importante que apareció afeitado fue el general y cónsul Escipión el Africano. Así aparece su imagen en una moneda del siglo III AC. A partir de esa fecha ése será el estilo de los hombres en Roma, hasta casi la caída del Imperio donde vuelven a usarse las barbas y los cabellos largos. Los barberos se llamaban tonsores y, también entre los romanos, la profesión de tonsurar era muy respetada. Los romanos cuidaban mucho su aspecto y pronto las tonstrinae (barberías), al igual que en Grecia, se volverán un punto de reunión y de sociabilidad importante para los romanos. La operación del afeitado de las barbas era hecha sólo con agua y navajas de bronce afiladas con piedras, “novaculae”, o por medio de depilación con cera de abejas y pinzas depiladoras. Además de cortarles el cabello los masajeaban, les hacían manicura y pedicuría, y los perfumaban. Los romanos pasaban varias horas en las barberías para estos cuidados. E incluso en esa época los barberos comenzaron a hacer también extracciones dentales. Los patricios, gente de mejor posición social, tenían sus propios barberos dentro del conjunto de su servidumbre. Y las mujeres contaban siempre con barberos personales entre sus esclavos.

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Cuando se produce la caída del Imperio Romano y los pueblos llamados por ellos “bárbaros” invaden Europa, todos lucían muy afeitados. Pero los francos, visigodos, y los demás pueblos germanos traen la moda de los cabellos largos y las barbas. En la Era Medieval, se produce un ascenso importante en la actividad de los barberos. Todas las operaciones quirúrgicas habían pasado a manos de los clérigos, quienes eran las únicas personas ilustradas en la sociedad medieval. Los nobles, incluso, no sabían en su gran mayoría leer ni escribir. Los clérigos toman como asistentes de sus intervenciones médicas a los más capacitados para esa tarea, por entonces: los barberos, quienes estaban ya familiarizados con extracciones dentales y algunas otras curas menores. El Concilio de Letrán de 1123 prohibió la práctica de la medicina a monjes y sacerdotes. En el Concilio de Tours de 1163, el Papa Alejandro III prohíbe a los clérigos seguir realizando operaciones quirúrgicas. Y en 1215 el Papa Inocencio III lanza un anatema contra los clérigos que practiquen cirujía. Se declara que extraer sangre de seres humanos (la mayoría de las curaciones eran sangrías) sería, de allí en más, un pecado de sacrilegio para los ministros de Dios. Como consecuencia, los barberos pasan a tomar en sus manos íntegramente estas funciones. La profesión de barbero adquiere entonces una categoría no conocida anteriormente. Y también comienza, en el transcurso de los próximos 6 siglos, una lucha y una competencia entre barberos y médicos cirujanos. Hasta la mitad del siglo XV los barberos continuaron haciendo cirujías y todo tipo de curaciones, sin mayores problemas. En 1450, en Inglaterra, los barberos, por decisión del Parlamento, quedarían restringidos a sangrías, extracciones dentales y corte y cuidado del cabello. En los siglos XVI y XVII, los barberos ocuparían altas posiciones en las cortes reales. Una ordenanza de Enrique VIII los autorizaba a recibir una vez por año cadáveres para diseccionar y estudiar anatomía humana.

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Inmediatamente un nuevo enfoque en los estilos de cabello de la gente, hará que en a partir de la 2a. mitad del siglo XVIII, los barberos vuelvan a tener importancia y relevancia en la sociedad. El creciente uso de las pelucas en los hombres, y en las mujeres, a partir de fines del siglo XVII, logrará que los barberos se transformen en peluqueros, es decir, fabricantes y diseñadores de pelucas. Además de diseñarlas y colocarlas, tendrían la tarea de mantenerlas en buen estado periódicamente. Las pelucas del siglo XVIII fueron famosas por sus diseños espectalures y elegantes. De a poco, todo el mundo comenzó a usar pelucas: los hombres, pelucas generalmente empolvadas en un tono gris blancuzco, y las mujeres, a partir de 1770, pelucas de todos colores que se fueron haciendo cada vez más altas, hasta el final del siglo. El diseño de estas pelucas era una tarea complicada, y se transformó en toda una industria de primerísima necesidad. Se hacían de cabello humano, las más apreciadas, y las más baratas de fibra de algodón o pelo de animales. Cuando la peluca era terminada de diseñarse se perfumaba con flores cítricas y luego se espolvoreaba con almidón o talco coloreado. Las fábricas de pelucas se volvieron importantes y empleaban mucha gente. En Europa había factorías que tenían más de 600 empleados trabajando. El incendio de una de estas fábricas de pelucas fue famoso en 1729 pues destruyó casi completamente la ciudad de York, en Inglaterra. En la mitad del siglo 18, un famoso peluquero inglés, Richard Arkwright, descubrió una fórmula para hacer una tintura para pelucas que no se borraba con el agua.