Tijeras, trípode y smartphone: así es la nueva barbería.
Crónica de la mesa redonda “Generación Social Media” — XXI Andalucía Belleza y Moda, Fermasa, Granada.
Había algo distinto en el ambiente del Salón de Actos de la Feria de Muestras de Armilla antes incluso de que empezara. No era solo la juventud de los ponentes —todos rozando o recién pasados los treinta— ni la energía particular que tienen los encuentros donde la gente sabe que está en el momento justo, en el lugar justo. Era, sobre todo, la sensación de que lo que iba a pasar allí no era una mesa redonda al uso. Era un diagnóstico en tiempo real de hacia dónde va una profesión entera.
Joan Muñoz, comunicador y editor, media partner del evento a través de PB Peluquería y PB Barbería, moderó la sesión con el nombre ya cargado de intención: Generación Social Media. Los protagonistas: Oche Barber, soñador declarado y cofundador de Blesson School y Octyl; Luis, su hermano, director de Blesson School Madrid y barbero personal de Ilia Topuria; Claudia Badass, barbera y formadora en la Escuela Antonio Eloy de Málaga, embajadora de Gamma Piú; y José Ballester, barbero y creador de contenido con la agenda completa. Cuatro voces de una misma generación. Cuatro espejos de lo que está cambiando la barbería por dentro.
“Soy barbero y formador”.
Joan Muñoz no tardó ni treinta segundos en romper el hielo con una de sus frases características. Había hecho ya esta mesa en Valencia. Esta vez le tocó la generación más joven. Millennials tardíos rozando la Z. Y la diferencia, avisó desde el principio, se nota.
La presentación de los cuatro ponentes ya decía mucho sobre la naturaleza de esta nueva barbería. Oche habló de sí mismo como “un soñador” antes que como empresario. “La barbería para mí es un estilo de vida, una forma de disfrutar cada día de lo que hago.” Luis, además de hermano de Oche y cofundador de sus proyectos, añadió a su currículum algo que hace diez años habría sonado a ciencia ficción en este sector: es el barbero personal del campeón del mundo Ilia Topuria, al que acompaña en campamentos, viajes y día a día. Claudia se definió con la economía de quien sabe exactamente lo que es: “Soy barbera y formadora en Antonio Eloy. Y también trabajo con Gamma Piú y con Big Concept.” José, el más parco, fue también el más rotundo: “Las redes sociales me han llevado a tener la agenda completa.”
Cuatro frases de presentación. Un sector nuevo resumido.
La pregunta que lo cambia todo: ¿eres barbero o creador de contenido?
Joan Muñoz lanzó la primera pregunta de fondo con la precisión de quien sabe exactamente dónde está la grieta: ¿Qué porcentaje de lo que sois es profesional del sector y qué porcentaje es creador de contenido?
La respuesta fue unánime y, a la vez, reveladora. “70-30. El 70 es barbería.” Tanto Oche como Luis se posicionaron en el mismo punto. No porque el contenido no importe, sino porque tienen clarísimo que son barberos que crean contenido, no creadores de contenido que también cortan el pelo. La diferencia parece sutil. No lo es.
Claudia, con 28 años, fue la más honesta sobre su propio proceso: “Cuando estaba en Londres no lo consideraba necesario. Al volver a España me di cuenta de que sí que es muy importante.” No llega al nivel de Oche y Luis en términos de producción, lo reconoció sin problema, pero tiene algo que quizás compensa esa distancia: una comunidad pequeña y brutalmente fiel. “No tengo muchos seguidores, pero me están viniendo mucha gente para hacer cursos gracias a las redes. Prefiero pocos seguidores de calidad a muchos que no conviertan.”
José, el más joven, por su parte, fue el que más claramente articuló el cambio de paradigma: “Las redes sociales mueven muchísimo. El boca a boca sigue funcionando, pero hoy te conocen de todas partes, mueves una comunidad. El día de mañana, si quieres hacer formaciones, ya tienes gente fuera de tu ciudad.”
El nuevo currículum se llama Instagram.
Uno de los momentos más potentes de la tarde fue cuando Oche explicó, con la naturalidad de quien lo aplica cada día, que en Blesson School llevan tiempo diciendo lo mismo a sus alumnos desde el primer día: cuida tu perfil. No como consejo, sino como instrucción.
“Cuando a nosotros nos piden un alumno para trabajar en algún salón, lo primero que te dicen es: mándame las redes sociales.” El currículum en papel ha muerto. O más exactamente: ha sobrevivido, pero ahora lo llaman Instagram.
Oche fue más lejos: “La creación de contenido te puede abrir las puertas para seminarios, para patrocinios. Antes, cuando yo empecé, si eras del pueblo más pequeño del mundo, todo se complicaba. Hoy, da igual de dónde seas. Se ha democratizado el acceso.”
Democratización. Es la palabra que más resonó en esta primera parte de la mesa. Y la más cargada de consecuencias.
¿Puede alguien ser referente siendo un fantasma digital?
Joan Muñoz puso encima de la mesa la pregunta más incómoda de la tarde: ¿Se puede ser hoy un referente de éxito en el sector siendo un fantasma digital?
El silencio que siguió duró aproximadamente medio segundo. “Es muy difícil.” “Sería complicado.” Las respuestas llegaron casi en cascada, y todas apuntaban en la misma dirección.
“Lo que no se muestra no existe”, resumió Oche con la precisión de un aforismo. Y añadió el dato que lo consolida todo: sus principales casos de éxito de alumnos parten, en la gran mayoría de los casos, de un éxito previo en redes sociales. No al revés. Primero construyes presencia digital. Luego, desde ahí, construyes negocio.
La reflexión que siguió fue quizás la más honesta de toda la mesa: Oche reconoció que él mismo, siendo quien más contenido produce de los cuatro, no se ve como un creador de contenido. “Yo sé lo que hay que hacer y lo que yo podría hacer. Lo que pasa es que soy incapaz de colgar las botas, dejar de dar clases y dedicarme solo a la estrategia.” La tensión entre la pasión por la barbería y las exigencias del ecosistema digital: ahí reside el dilema real de esta generación.
La brecha generacional que se nota hasta haciendo una foto.
El debate sobre generaciones dio uno de los momentos más vívidos de la tarde. La mesa habló de alumnos de 40 años que llegan a perfeccionarse técnicamente y no saben hacerse una foto para documentar su trabajo. “Hacer una foto les cuesta.”
La respuesta de Oche ante esa realidad fue, sin embargo, más generosa que crítica: “Ellos no tienen que saber hacer la foto. Tienen que ser conscientes de que tienen que invertir en alguien que sepa hacerla. Delegar lo que no controlas.”
Pero el otro extremo generacional resultó igual de sorprendente. Tienen alumnos de 15 y 16 años que, pese a haber crecido completamente dentro de las redes, no publican, no crean, no se muestran. “No le dan caña a las redes sociales”, explicó Luis. “Y nosotros que creemos que estamos dentro… imagínate lo rápido que evoluciona todo.”
La conclusión implícita fue la más desconcertante: la generación Z nativa digital no es necesariamente más hábil en comunicación digital profesional que los millennials. Crecer en TikTok no te hace saber usarlo para construir una marca.
Claudia Badass y el sesgo de género: un movimiento absorbido por lo normal.
Joan Muñoz preguntó directamente a Claudia si existe sesgo de género en el día a día de la barbería contemporánea. La respuesta fue matizada, honesta y —en el fondo— esperanzadora.
“En general, no. Siempre hay casos sueltos, pero en general no.” Los compañeros del sector, insistió Claudia, la apoyan. “Incluso quieren que las mujeres entren y formen parte del sector.” Pero existen excepciones, y las puso sobre la mesa sin dramatismo: clientes —no compañeros— que al ver que el barbero era una mujer pedían al compañero. “Si supieran que yo soy la que imparte los cursos de barba en mi academia…”
Lo más interesante llegó cuando la mesa discutió el movimiento Lady Barber: esa etiqueta que surgió hace años para visibilizar a las mujeres en la barbería y que, según los cuatro ponentes, ha desaparecido. No por fracaso, sino por lo contrario. “Ha desaparecido porque se ha normalizado”, explicó Oche. Y Claudia lo confirmó: “Yo me siento barbero. Me siento una más con mis compañeros.”
Un movimiento que nació para romper una barrera y que muere cuando la barrera ya no existe. O casi.
Blesson Woman y la peluquería unisex: el futuro que ya está aquí.
En ese contexto, Oche compartió uno de los movimientos más recientes y significativos de su empresa: hace seis meses pusieron en marcha Blesson Woman, incorporando formación unisex a lo que hasta entonces era solo barbería. Y con ello, la incorporación de Yanira, una profesional que hace barbería y peluquería y que, según Oche, ha sido “… un fichaje increíble. Los alumnos súper contentos, los clientes súper contentos, y le da una idea al equipo muy chula”.
La barbería unisex no es una tendencia. Es el reconocimiento de que los límites entre peluquería y barbería siempre fueron más artificiales de lo que parecían.
Envidia, haters y la única respuesta que funciona.
“¿Existe envidia profesional en el sector?” La pregunta de Joan Muñoz generó carcajadas, silencios cómplices y las respuestas más sinceras de la tarde.
“Sí, muchísima.” El consenso fue inmediato. Pero la forma de gestionarla fue donde cada uno mostró su carácter.
Oche: “Yo no tengo tiempo para eso. Y no entrar en eso significa que lo estás haciendo bien.”
Luis: “Combato la envidia centrándome en lo mío. Seguir creciendo. Para los haters, son tortas sin mano.”
José fue el más filosófico: “La competencia no es amenaza, es crecimiento. Cuando ves a alguien que hace algo mejor que tú, en lugar de envidiarlo, investígalo. Supérate.”
Y Oche cerró con la reflexión más estratégica: “Si eres uno más, la competencia es una amenaza. Si te diferencias del resto, la competencia es una oportunidad tremenda. Que el sector esté en auge hace que la mediocridad se colapse.”
La pregunta del millón: ¿y si mañana desaparecen las redes?
Joan Muñoz dejó caer la pregunta bomba hacia la mitad de la mesa: Si mañana desaparecieran las redes sociales, ¿cuántos de los que hoy están arriba seguirían en pie?
“Muy pocos.” Las cuatro voces respondieron casi al unísono. “Muchos caerían.”
Pero la discusión que siguió fue más rica que la pregunta. Porque el problema no es tener o no tener seguidores. Es qué tipo de comunidad has construido. Luis puso el ejemplo preciso: hay barberos con millones de seguidores en TikTok que no llenan seminarios. Y hay perfiles de 50.000 seguidores que venden mil unidades de producto en un día con una sola story.
“Lo que hay que transformar es la comunidad digital en clientes reales, en alumnos reales, en personas que te sigan de verdad. Por mucho que tengas una gran comunidad, si no convierte, no sirve.”
620 alumnos cada seis meses. Sin publicidad pagada.
El dato más impactante de toda la tarde lo soltó Oche casi de pasada, mientras describía la perplejidad de las agencias de marketing que han trabajado con Blesson School a lo largo de los años.
“¿Qué campañas hacéis? ¿Qué anuncios en Meta? ¿Qué acciones de CRM?” La respuesta de Oche cada vez que le preguntaban: ninguna. Solo contenido orgánico, bien producido, durante años. “Y tenemos 620 alumnos cada seis meses en la escuela.”
Las agencias, dijo, siempre alucinaban. Y es comprensible: un negocio de formación de ese volumen funcionando sin inversión en publicidad pagada es, en cualquier sector, una anomalía. En la barbería del siglo XXI, es la prueba más contundente del poder de construir comunidad real.
El filmmaker en plantilla: “pensé que iba a grabar cortes de pelo”.
Uno de los momentos más reveladores de la tarde fue la anécdota sobre el filmmaker que Blesson tiene en plantilla, a jornada completa, como empleado fijo. Cuando se incorporó, este profesional pensó que su trabajo consistiría en grabar cortes de pelo. La realidad le dejó sin palabras: “Desde dentro hay trabajo para cinco más.”
Esa imagen resume mejor que cualquier dato la magnitud del cambio. Una escuela de barbería con un equipo de comunicación interno, con filmmaker propio, con producción de contenido integrada en el ADN de la empresa. No como añadido. Como núcleo.
“Una agencia externa puede recibir el brand book, el libro de marca, el tono, el lenguaje. Pero no lo vive. No lo entiende igual. El que está dentro, lo vive todo el día.”
El nuevo logo de la barbería.
Hacia el final de la mesa, alguien —con la mezcla de humor y lucidez que había marcado toda la tarde— propuso la imagen que mejor define a esta generación. Si el logo de la barbería clásica eran el peine y las tijeras, el de hoy sería el trípode, el smartphone y el sillón.
Nadie discutió la propuesta.
Y en esa imagen —tan concreta, tan visual, tan real— estaba resumido todo lo que se había hablado durante la última hora larga. Una profesión que no ha abandonado su esencia técnica, pero que ha comprendido, antes que ninguna otra, que en el siglo XXI el talento sin visibilidad es talento invisible.
La mesa redonda completa puede verse en el canal de YouTube de Joan Muñoz. Suscríbete y activa las notificaciones. Y si quieres seguir el sector beauty y barbería al día, no te pierdas peluqueriabarberia.com


