Albert Catalán, el alquimista de la experiencia en la peluquería española
En el mundo de la peluquería y la barbería, a menudo nos centramos en la técnica: el degradado perfecto, la simetría de un corte o la precisión de una coloración. Pero, ¿qué pasa cuando la técnica se convierte en algo más? ¿Qué sucede cuando un profesional decide que el salón no debe ser un lugar de paso, sino un santuario?
Hoy queremos rendir homenaje a una de las figuras más disruptivas y visionarias de nuestro sector, Albert Catalán.
Un legado que trasciende generaciones.
Si bien el nombre de Catalán es sinónimo de excelencia, su historia comenzó mucho antes de que él tomara sus primeras tijeras. Como tercera generación de una estirpe dedicada a la profesión (la histórica Catalán Perruquers), Albert mamó el oficio desde la cuna. Sin embargo, su verdadera genialidad no fue solo aprender el legado de su abuelo, sino atreverse a transformarlo.
Formado en Francia y con una mirada siempre puesta en el futuro, Albert entendió algo fundamental antes que muchos: el cliente de hoy no paga por un corte, paga por una emoción.
El “sentimiento” como motor empresarial.
Si algo define el trabajo de Albert Catalán, es su filosofía del sentimiento. Para él, el lujo no reside en la exclusividad de los materiales, sino en la privacidad y el tiempo. Es el ideólogo detrás de espacios como Son de Mar, donde llevó la peluquería a una dimensión wellness. ¿El objetivo? Que al entrar al salón, el cliente olvide el estrés, respire aire puro y se desconecte del ruido de la ciudad. Su capacidad para integrar la gestión de alto nivel de grandes empresas con el mimo artesanal es lo que lo ha convertido en un referente para quienes buscamos elevar la profesión.
Catalán no es solo un peluquero excepcional; es un constructor de comunidad.
Su huella es visible en tres grandes pilares que han profesionalizado nuestra industria en España:
- Barberías con Encanto: Bajo su impulso, este movimiento ha dado voz y prestigio a la barbería clásica, convirtiéndola en un símbolo de calidad.
- TheQHair: Como cofundador, fue pieza clave en la creación de este sello de calidad, una guía necesaria que ayuda al cliente a identificar la excelencia y al profesional a elevar sus estándares de gestión.
- Backstage BCN: Su labor como mentor y consultor estratégico en Alura ha sido vital para el crecimiento de esta firma, aportando una visión que combina la elegancia con la innovación constante.
¿Por qué seguirle la pista?
Porque Albert Catalán nos demuestra que la peluquería es un estilo de vida. Nos enseña que la gestión empresarial no está reñida con el arte, y que cuando tratamos a la peluquería como una experiencia integral, el cliente no solo vuelve, sino que se convierte en un embajador de nuestra marca. En una era de inmediatez, Albert nos invita a pausar, a cuidar el detalle y a entender que, al final del día, lo que queda en la memoria del cliente es cómo le hicimos sentir.
Le pedimos que nos definiese los entresijos de su visión profesional, de cómo ve él el estado de esta maravillosa profesión. Y esto nos contó…

La caja de herramientas está en el salón.
Nuestro éxito en el salón no solo depende de la calidad de nuestras herramientas físicas, sino también de la gestión eficaz del negocio.
¿Cuáles son esas herramientas físicas?
- Máquina de último modelo
- Tijeras con corte navaja
- Styling
- Peines y cepillos
La gestión del negocio.
La segunda caja de herramientas, no menos importante, es la gestión del negocio. Aquí es donde debemos enfocarnos, ya que es vital para la salud de nuestros negocios. Algunos aspectos clave son:
- Equipo
- Marketing
- Clientes
- Contabilidad
- Publicidad
La formación es el pilar fundamental.
La formación continua es esencial. En nuestro sector, aprendemos a través del ensayo y error, pero tener bases sólidas hace que esta experiencia sea más efectiva y motivante.
Estableciendo un plan de acción.
La planificación es fundamental. Al abrir nuestro salón o barbería, debemos pensar en cómo queremos que sea nuestro negocio. Si ya estamos en marcha sin haber realizado esta reflexión, ¡siempre hay tiempo! Personalmente, vengo de una tradición familiar en el sector y este ejercicio me guió para expandir mi negocio. En el ámbito empresarial, esto se conoce como un libro de estilo.
Preguntas clave para reflexionar:
¿Qué significa nuestra marca y qué transmite?
¿A qué tipo de clientes nos dirigimos? La imagen del salón es crucial.
¿Cómo queremos que sean nuestros colaboradores y qué técnicas deben conocer?
¿Qué tipo de formación proporcionaremos a nuestros colaboradores?
¿Qué imagen deseamos transmitir en nuestras comunicaciones, como publicidad e Instagram?
¿Cuál es el calendario semestral de acciones publicitarias?
¿Cómo quiero tratar a mis clientes? ¿Más formal o más amigable?
¿Qué protocolo seguimos durante la visita del cliente al salón? Esto facilitará la capacitación de nuestros colaboradores.
¿Qué servicios/experiencias ofreceremos? Necesitamos una descripción clara de cada uno.
Reflexión final.
Esta retrospectiva nos impulsa a alcanzar nuestros objetivos y refuerza nuestra confianza en lo que somos y en lo que queremos ser en el futuro. Es importante recordar que un porcentaje muy bajo de profesionales se ha planteado estas preguntas. Es el momento de replantearnos y planificar para asegurar que, en un futuro incierto, estemos preparados para competir con éxito.
“Somos lo que hacemos día a día. De modo que la Excelencia no es un acto, sino un hábito”, decía Aristóteles.
¡Gracias Albert!



